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¿Es la Educación Emocional competencia de las escuelas o de las familias?

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¿Es la Educación Emocional competencia de las escuelas o de las familias? 

Hace unos días realizamos una publicación en nuestra cuenta de Instagram que fue muy acogida, generando un gran número de interacciones. Fruto de estas interacciones, surgió un claro debate en los comentarios, en el que destacaban dos formas de pensar acerca de la enseñanza de las competencias emocionales. Por un lado, estaban los docentes que ven como una necesidad ferviente introducir la educación emocional en el aula, mientras que por otro lado, destacaba la idea de que el trabajo de las competencias emocionales debe ser tarea y responsabilidad de la familia. Debido a la gran cantidad de comentarios, entendemos que existe una gran diversidad de opiniones acerca de este asunto, y antes de manifestar nuestra propia opinión y argumentar acerca de este tema, vemos necesario acercarnos un poco más al concepto de educación emocional.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La definición de inteligencia emocional no es un concepto sencillo, por lo que tendremos que ir desgranándolo poco a poco. En primer lugar, debemos acotar el término emociones, el cual lo podemos definir como las reacciones que realiza nuestro cerebro, y que repercute física y endocrinamente en nuestro cuerpo, con el objetivo de intentar adaptarse al medio en el que se desarrollar. Por lo tanto, podemos afirmar que las emociones son un mecanismo adaptativo de nuestro organismo.

Una vez acotado el termino emociones, definiremos el concepto inteligencia emocional, para ello haremos uso de las investigaciones de Goleman, el cual lo definió como la capacidad para reconocer nuestros propios sentimientos y los de las demás personas, de automotivarnos y lidiar adecuadamente con las emociones. En este punto, no podemos cometer el error de pensar en inteligencia y asociarla únicamente con las habilidades lingüísticas o matemáticas, sino que debemos ir más allá y comprender que el manejo de las emociones también denota inteligencia. Las personas emocionalmente inteligentes tienen algunas características comunes:

  • Autoconocimiento: Son capaces de conocerse a sí mismo, llegando a entender la razón de su estado de ánimo.
  • Autorregulación: Presentan la capacidad para controlar sus impulsos, serenando sus mentes y pensando en las consecuencias de sus acciones.
  • Empatía: Tiene la capacidad de ponerse en el lugar de las demás personas, entendiendo como pueden llegar a sentirse en determinadas circunstancias. Si quieres conocer diferentes actividades para trabajar la empatía en el aula, te animamos a leer este artículo.
  • Sociabilidad: Las personas emocionalmente inteligentes, muestran grandes habilidades sociales, teniendo una gran capacidad y facilidad para relacionarse con otras personas.
  • Automotivación: No precisan del reconocimiento de los demás para alcanzar una motivación, sino que son capaces de buscar razones internas para hacerlo.
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¿Qué es la educación emocional?

Este concepto es definido por Rafael Bisquerra como un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral.

Uno de los principales objetivos de la educación emocional es que las personas sean capaces de conocer y entender mejor las emociones, tanto propias como ajenas. Siendo capaz no solo de reconocerlas, sino también teniendo la capacidad para afrontarlas, anteponiéndose a la ansiedad, estrés, depresión y situaciones de frustración. Para ello se pretende desarrollar en el alumnado una serie de mecanismo y habilidades que les permitan tomar el control de sus impulsos en situaciones complicadas. Otro de los fines que persigue el trabajo de las habilidades emocionales es desarrollar en las personas la capacidad para generar emociones positivas con las que afrontar el día a día con una correcta actitud.

Beneficios e importancia de trabajar la educación emocional en la escuela.

Introducir la educación emocional en el aula nos otorga infinidad de aspectos positivos. El trabajo de las emociones ayuda a fortalecer la confianza y motivación del alumnado, mejorando así el clima y las relaciones entre los alumnos y alumnas, favoreciendo la participación y colaboración en el aula. Gracias a este buen clima escolar, las agresiones y expulsiones se verán reducidas, mejorando la adaptación escolar.

Las personas con  buenas habilidades emocionales presentan también una mejora de las competencias sociales, mejorando su adaptación escolar, social y familiar, así como disminuyendo en ellas los pensamientos autodestructivos, tristeza, estrés, ansiedad y sintomatología depresiva. Al poseer una autoestima positiva son menos propensas a iniciarse en el consumo de drogas y presentar desórdenes alimenticios.

Estos beneficios no afectan únicamente al alumnado, sino que también ayuda a potenciar la formación y autoestima del propio docente, el cual adquirirá durante esta travesía infinidad de conocimientos en cuestiones emocionales, experiencias y técnicas para gestionar las situaciones conflictivas en el aula, experimentando un gran crecimiento profesional y personal.

Debido a que el trabajo de las emociones en el aula conlleva a una gran interacción entre el alumnado y el/la docente, se adquirirá una visión mucho más rica, precisa y cercana acerca de nuestro alumnado, conociéndoles mucho mejor, permitiéndonos emplear nuevos instrumentos de evaluación que nos ayuden a plasmar de forma más certera y fiel la realidad de nuestro alumnado. Además, si se aplica conjuntamente con el resto del cuerpo docente, potenciará las relaciones profesionales, permitiendo la creación y el intercambio de materiales y experiencias, fortaleciendo los vínculos con el resto de docentes.

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¿De quién es responsabilidad el trabajo de las competencias emocionales?

Como siempre ocurre en educación, el desarrollo del alumnado nunca es tarea única de nadie, sino que debe ser responsabilidad de las distintas partes, es decir, tanto las familias como el cuerpo docente deben implicarse en el trabajo emocional. En varias ocasiones, hemos leído que la educación emocional en infantil y primaria no debe realizarse en la escuela, sino en el hogar. Añaden también, que en las escuelas no podemos emplear tiempo en esto, ya que debemos atender a otros aspectos mucho más importantes. No podemos estar más en desacuerdo con esa opinión, puesto que el trabajo emocional tiene una gran trascendencia en la construcción del individuo. El trabajo de las emociones está cada día más presente en las aulas y esto se debe a que estamos comenzando a comprender que el trabajo emocional es vital para desarrollar a personas adultas fuertes, competentes para anteponerse a las adversidades, sentirse seguras de sí mismas y capaces de hacer un mundo mucho más agradable.

Como bien sabemos, nuestra escuela viene de un paradigma en el que la transmisión de información tiene el monopolio del tiempo en las aulas. Hoy en día, con los avances tecnológicos, la transmisión de la información no puede seguir acaparando la gran parte del trabajo docente, puesto que poseemos medios, a través de los cuales podemos acceder a ella en cuestión de segundos, sin importar ni el lugar ni la hora. Es por esto por lo que debemos centrar nuestros esfuerzos en otorgar al alumnado la capacidad crítica y reflexiva para discernir entre información mala e información de calidad.

Para la sociedad actual es mucho más vital aprender a manejar y comprender las emociones que saber por dónde pasa el río Rin, puesto que una persona con buena competencia emocionales será capaz de comprenderse mejor a ella misma y a los demás, teniendo una mayor capacidad para lidiar con la frustración, poseer una autoestima positiva, así como entender mejor las relaciones con las demás personas. Esto no quiere decir que la transmisión de información no sea importante, sino que debemos ser conscientes de que la información puede ser adquirida a lo largo de la vida, atendiendo a curiosidades y motivaciones propias, mientras que lo que hagamos emocionalmente durante la etapa de la infancia marcará al individuo, para bien o para mal, el resto de su vida. Un chico con una buena autoestima será un adulto que se valora. Una niña incapaz de manejar su frustración, será una persona ansiosa y poco  perseverante durante su adultez. Una chica con una gran empatía, se convertirá en una persona capaz de ayudar y hacer mejor a los demás.

Muchas personas alegas que como docentes no pueden afrontar este nuevo reto, debido a que no han sido formadas para ello, por lo que esto debe ser tarea de las familias. De nuevo, tampoco estoy de acuerdo con esta opinión, puesto que es tarea indispensable del profesor mantener una formación continua, adaptándonos así a los cambios sociales que la sociedad demanda. El personal docente no se puede quedar sentado esperando a que el gobierno y las instituciones le ofrezcan formación y capacitación, sino que debe ser este el que por su cuenta propia trabaje cada día para reciclarse, seguir ampliando su visión sobre la enseñanza y mejorando su práctica educativa.  Además, como docentes debemos ser expertos en la infancia, cosa que las familias no son, por lo que debemos no sólo trabajar con el alumnado, sino tratar de involucrar y orientar a las familias para que estas puedan contribuir lo más positivamente posible en el desarrollo de sus hijos e hijas.

Libros para seguir profundizando en el concepto de educación emocional

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